Lactancia materna: El
 colecho
 favorece
 la
 práctica
 de
 la
 lactancia
 materna
 y
 no
 aumenta
 el
 riesgo
 de
 muerte
 súbita
 del
 lactante

El
 colecho
 favorece
 la
 práctica
 de
 la
 lactancia
 materna
 y
 no
 aumenta
 el
 riesgo
 de
 muerte
 súbita
 del
 lactante.
 Dormir
con
los
padres.

Autores:
Landa
 Rivera
 L,
 Díaz-Gómez
 M,
 Gómez
 Papi
 A,
 Paricio
 Talayero
 JM,
 Pallás
 Alonso
CR,
Hernández
Aguilar
MT,
Aguayo
Maldonado
J,
,Arena
Ansotegui
JM,
 Ares
Segura
S,
Jiménez
Moya
A,
Lasarte
Velillas
JJ,
Martín
Calama
J,
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 Escós
MD.

Servicio
de
Pediatría.
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Alicante.
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 Pediatra.
Universidad
de
La
Laguna.
Tenerife,
Canarias.
España.

 Pediatra.
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Neonatal,
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Universitario
de
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XXIII.
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asociado.
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Medicina.
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i
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 Tarragona.
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Pediatría.
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de
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Medicina
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de
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 Correspondencia:
L
Landa.
Correo
electrónico:
leolanda@hotmail.com

Referencia
para
citar
este
artículo:
Landa
 Rivera
 L,
 Díaz-Gómez
 M,
 Gómez
 Papi
 A,
 Paricio
 Talayero
 JM,
 Pallás
 Alonso
CR,
Hernández
Aguilar
MT
y
cols.
El
colecho
favorece
la
práctica
de
la
 lactancia
materna
y
no
aumenta
el
riesgo
de
muerte
súbita
del
lactante.
Dormir
 con
los
padres.
Rev
Pediatr
Aten
Primaria.
2012;(epub:
20/Mar/2012).
 Publicado
en
Internet:
20/03/2012

La
 práctica
 de
 los
 padres
 de
 dormir
 junto
 a
 sus
 hijos
 ha
 sido
 una
 constante
 en
 la
 humanidad.
 Con
 el
 aumento
 en
 la
 prevalencia
 y
 duración
 de
 la
 lactancia
 materna,
 se
 ha
 observado
 paralelamente
 un
 aumento
 de
 esa
 práctica,
 que
 posiblemente
 se
 dé
 con
 más
 frecuencia
 que
 la
 reconocida
 en
 las
 encuestas.
 Los
estudios
han
demostrado
interrelación
y
mutua
potenciación
entre
lactancia
 materna
y
colecho.
Las
 asociaciones
 y
 organizaciones
 pediátricas
 recomiendan
 evitar
 el
 colecho,
 por
 relacionarlo
 con
 la
 muerte
 súbita
 del
 lactante.
 Se
 basan,
 sin
 embargo,
 en
 estudios
en
su
mayoría
no
controlados,
bajo
la
influencia
de
factores
de
riesgo
 no
tenidos
en
cuenta.
Los
 autores,
 tras
 una
 revisión
 exhaustiva
 sobre
 colecho,
 lactancia
 y
 muerte
 súbita
 del
 lactante,
 encuentran
 el
 colecho
 como
 una
 práctica
 beneficiosa
 para
 la
 lactancia
 y
 concluyen
 que,
 bien
 practicado,
 evitando
 factores
 de
 riesgo,
 no
 guarda
relación
con
la
muerte
súbita
del
lactante.
Palabras
 clave:
 Colecho.
 Dormir
 con
 los
 padres.
 Lactancia
 materna.
 Síndrome
de
muerte
súbita
del
lactante.

DEFINICIÓN

Colecho
 se
 define
 como
 la
 práctica
 de
 compartir
 la
 cama
 de
 los
 adultos,
 generalmente
 los
 padres
 con
 los
 hijos, 
 durante
 los
 periodos
 de
 sueño.
 Puede
 ser
 habitual
 o
 esporádico.
 Debe
 distinguirse
 de
 otra
 forma
 de
 sueño
 acompañado,
 como
 compartir
 la
 misma
 habitación
 sin
 compartir
 la
 misma
 cama1
o
dormir
juntos
en
un
sofá.
Ello
puede
ser
motivo
de
consulta
al
médico
 de
familia
o
al
pediatra
en
su
centro
de
salud.

No
 existen
 datos
 sobre 
la 
frecuencia 
de 
esta
 práctica 
en 
España,
 aunque 
haya
 despertado
 interés
 en
 su
 momento.
 Las
 encuestas
 suelen
 infravalorar
 su
 magnitud,
 por
 la
 tendencia
 de
 los
 padres
 a
 ocultarla
 ante
 el
 temor
 a
 juicios
 de
 valor
 por
 parte
 de
 los
 sanitarios.
 En
 algunos
 países
 industrializados
 como
 EE.
 UU.
se
ha
observado
un
aumento
paralelo
del
colecho
junto
al
incremento
de
la
 lactancia
materna,
describiéndose
un
45%
de
colecho
en
algún
momento
de
la
 noche
y
un
aumento
de
colecho
habitual
del
5
al
12%
entre
1993
y
2000.

ASPECTOS
 CULTURALES.
 PERSPECTIVA
 EVOLUTIVA
E
HISTÓRICA

En
 muchas
 sociedades
 tradicionales,
 aun
 dentro
 del
 mundo
 occidental,
 existe
 la
costumbre,
admitida
y
bien
valorada
por
la
comunidad,
de
compartir
la
cama
 padres
e
hijos
para
dormir.
Dicha
práctica
se
engloba
dentro
del
tipo
de
crianza
 cercana
que
se
caracteriza
por
lazos
estrechos
y
participativos.

En
 términos
 de
 desarrollo
 neuronal
 y
 sensorial,
 el
 ser
 humano
 es
 el
 menos
 maduro
 y
 más
 dependiente
 de
 todos
 los
 mamíferos
 en
 el
 momento
 de
 nacer.
 Es
 incapaz
 de
 satisfacer
 por
 sí
 solo
 sus
 necesidades
 nutricionales,
 físicas
 y
 afectivas,
 siendo
 por
 ello
 dependiente
 de
 sus
 cuidadores.
 Muchas
 de
 estas
 necesidades
 se
 ven
 satisfechas
 a
 través
 del
 contacto
 estrecho
 con
 la
 madre.
 Se
 ha
 observado
 que
 el
 contacto
 intenso
 y
 prolongado
 de
 prematuros
 con
 su
 madre
actúa
como
elemento
protector
frente
a
dificultades
fisiológicas
y
riesgos
 ambientales.
 Y
 que
 este
 contacto
 íntimo
 ofrece
 múltiples
 beneficios,
 como
 menor
 gasto
 energético,
 mejor
 termorregulación,
 mayor
 estabilidad
 cardiorrespiratoria
 y
 oxigenación,
 menores
 episodios
 de
 llanto,
 mayor
 producción
 de
 leche
 y
 aumento
 de
 la
 prevalencia
 y
 duración
 de
 la
 lactancia
 materna.
 El
 colecho
 proporciona
 una
 oportunidad
 de
 acercamiento
 desde
 el
 nacimiento
 y
 durante
 la
 infancia,
 y
 es
 una
 buena
 práctica
 en
 la
 crianza
 de
 los
 hijos.
Evidencia
reciente
indica
que
los
recién
nacidos
que
son
separados
de
la
 madre
 presentan
 un
 176%
 más
 de
 episodios
 de
 estrés
 y
 un
 86%
 menos
 de
 sueño
 tranquilo
 al
 segundo
 día
 de
 vida
 que
 los
 que
 son
 puestos
 en
 contacto
 piel
con
piel.
 Durante
el
colecho,
el
lactante
duerme
en
sincronía
con
su
madre,
se
despierta
 con
 más
 facilidad
 y
 más
 a
 menudo
 que
 los
 lactantes
 que
 duermen
 solos,
 acortando
 la
 fase
 de
 sueño
 profundo,
 lo
 que
 le
 protege
 frente
 a
 la
 rarísima
 muerte
 súbita
 del
 lactante.
 Duerme
 al
 costado
 de
 su
 madre,
 con
 su
 cuerpo
 y
 cara
orientada
hacia
el
cuerpo
materno,
alternando
con
la
posición
boca
arriba.
 Esta
 posición
 facilita
 acceder
 al
 pecho,
 despertarse
 y
 mamar
 más
 a
 menudo
 para
 lograr
 consuelo
 y
 alimento,
 sin
 apenas
 despertar
 a
 la
 madre,
 a
 quien
 la
 secreción
de
oxitocina
facilita
la
conciliación
del
sueño.

Los
estudios
han
mostrado
que
el
bebé
que
duerme
junto
a
su
madre
aprende
 los
ritmos
maternos
y,
en
consecuencia,
su
forma
de
dormir
se
asemeja
más
a
 la
 de
 un
 adulto,
 facilitando
 la
 autorregulación
 mutua,
 muy
 necesaria
 para
 el
 crecimiento
adecuado
de
su
hijo.

A
 pesar
 de
 estos
 beneficios,
 muchas
 instituciones
 y
 sociedades
 pediátricas
 no
 aconsejan
 la
 práctica
 de
 colecho
 bajo
 ninguna
 circunstancia,
 entre
 ellas
 el
 Grupo
 de
 Trabajo
 para
 el
 Estudio
 y
 Prevención
 de
 la
 Muerte
 Súbita
 Infantil
 de
 la
 Asociación
 Española
 de
 Pediatría
 (AEP).
 Se
 fundamentan
 en
 estudios
 epidemiológicos
 que
 relacionan
 colecho
 con
 el
 síndrome
 de
 muerte
 súbita
 del
 lactante
(SMSL).

En
 ciertos
 países
 donde
 la
 práctica
 de
 colecho
 es
 predominante,
 la
 tasa
 de
 SMSL
 es
 igualmente
 alta,
 como
 ocurre
 entre
 la
 población
 afroamericana
 y
 las
 tribus
maorí
de
la
polinesia;
en
cambio,
en
otros
como
Japón,
Hong
Kong
y
las
 comunidades
 asiáticas
 del
 Reino
 Unido
 y
 Nueva
 Zelanda,
 que
 practican
 el
 colecho
 de
 forma
 extensa,
 las
 tasas
 de
 SMSL
 son
 bajas.
 Aun
 pareciendo
 contradictorio,
 esto
 es
 un
 reflejo
 de
 la
 complejidad
 de
 los
 elementos
 que
 concurren
en
esta
práctica
y
en
la
patogenia
del
SMSL.

Resulta
 paradójico
 que,
 siendo
 la
 cuna
 el
 lugar
 donde
 se
 documentaran
 los
 primeros
 casos
 de
 SMSL,
 llamado
 por
 ello
 “muerte
 en
 la
 cuna”
 (del
 inglés
 cot- death),
se
convirtiera
en
pocos
años
en
el
“sitio
estándar”
para
el
descanso
del
 bebé.
 Esta
 aceptación
 universal,
 que
 conlleva
 la
 separación
 del
 bebé
 de
 sus
 padres
 y
 responde
 mejor
 a
 las
 expectativas
 del
 mundo
 industrializado,
 ha
 podido
influir
para
que
los
investigadores
no
lo
vieran
como
un
factor
de
riesgo
 y
 se
 centraran
 en
 otros
 factores.
 Es
 el
 caso
 de
 la
 posición
 boca
 abajo,
 cuyas
 campañas
 en
 contra
 han
 logrando
 gran
 impacto
 en
 la
 prevención
 del
 SMSL.
 Siguiendo
 ese
 enfoque,
 se
 ha
 tomado
 el
 colecho
 como
 factor
 de
 riesgo
 en
 sí
 mismo,
dejando
de
lado
circunstancias
que
también
afectan
a
los
que
duermen
 en
 la
 cuna,
 como
 el
 tipo
 de
 lactancia,
 la
 posición
 del
 niño
 en
 la
 cama
 o
 el
 tipo
 de
 superficie,
 y
 otros
 como
 la
 obesidad
 de
 los
 padres
 o
 el
 consumo
 de
 sustancias
adictivas
(tabaco,
alcohol,
medicamentos
y
drogas
de
abuso).

PERSPECTIVA
PRAGMÁTICA

Aunque
 en
 España
 no
 existan
 datos
 publicados
 sobre
 la
 frecuencia
 de
 la
 práctica
 de
 colecho,
 es
 muy
 probable
 que
 esté
 más
 extendida
 de
 lo
 que
 en

principio
se
podría
suponer.
En
países
de
nuestro
entorno,
como
Inglaterra,
se
 sabe
 que
 la
 mitad
 de
 los
 neonatos
 y
 la
 quinta
 parte
 de
 los
 lactantes
 pasan
 cierto
 tiempo
 de
 la
 noche
 en
 la
 cama
 de
 los
 padres.
 Otros
 países
 han
 informado
 cifras
 similares
 o
 mayores
 en
 lactantes
 menores
 de
 tres
 meses:
 Irlanda
 (21%),
 Alemania
 (23%),
 Italia
 (24%),
 Escocia
 (25%),
 Austria
 (30%)
 oSuecia
 (65%).
 En
 países
 donde
 las
 tasas
 eran
 menores,
 las
 cifras
 de
 colecho
 han
aumentado
con
el
incremento
de
la
prevalencia
de
la
lactancia
materna.
Se
 ha
 comprobado
 que
 la
 proporción
 de
 niños
 que
 comparten
 la
 cama
 con
 sus
 padres
 durante
 la
 noche
 es
 tres
 veces
 mayor
 en
 los
 amamantados
 que
 en
 los
 no
amamantados.

Muchas
 mujeres
 llevan
 a
 sus
 hijos
 a
 la
 cama
 para
 amamantarlos
 durante
 la
 noche,
 ya
 que
 es
 frecuente
 que
 los
 niños
 se
 despierten
 y
 se
 muestren
 intranquilos
 en
 solicitud
 de
 alimentación
 y
 consuelo.
 Una
 vez
 consolados,
 las
 madres
suelen
caer
dormidas
junto
a
su
bebé
por
un
tiempo
variable.
Estudios
 recientes
 realizados
 por
 Helen
 Ball
 en
 el
 Reino
 Unido
 demuestran
 que,
 invariablemente,
las
madres
que
amamantan
colocan
sus
hijos
junto
a
ellas
en
 posición
 supina
 para
 facilitar
 la
 succión
 al
 seno
 y
 mantienen
 una
 actitud
 expectante
de
sueño
ligero
en
un
claro
papel
de
vigilancia
del
sueño
del
niño.
 Varios
 estudios
 hablan
 del
 efecto
 protector
 de
 la
 lactancia
 materna
 frente
 al
 SMSL,
 especialmente
 en
 los
 niños
 con
 lactancia
 materna
 exclusiva.
 En
 consecuencia,
 los
 profesionales
 de
 la
 salud
 deberíamos
 apoyar
 a
 las
 madres
 que
ven
en
la
práctica
del
colecho
una
estrategia
viable
para
calmar
a
su
bebé
 y
 alimentarle
 durante
 las
 horas
 de
 sueño,
 además
 de
 ofrecerles
 información
 que
evite
situaciones
de
riesgo.

EVIDENCIA
CIENTÍFICA

Colecho
y
SMSL

La
 mayoría
 de
 los
 estudios
 publicados
 sobre
 SMSL
 y
 colecho
 son
 poco

rigurosos:
 no
 incluyen
 grupo
 control
 y
 no
 hacen
 ajustes
 con
 factores
 de

confusión.
Un
estudio
mejor
diseñado
fue
el
Chicago
Infant
Mortality
Study,
que
 muestra
 distintos
 resultados
 en
 el
 análisis
 univariante
 una
 vez
 hechos
 los

ajustes
con
otras
variables.
Encontró
una
odds
ratio
(OR)
no
ajustada
de
SMSL

para
colecho
solo
con
los
padres
de
1,9
y
un
intervalo
de
confianza
del
95%
(IC
 95%)
de
1,2-3,1.
Tras
el
ajuste
con
la
edad,
el
estado
marital,
la
educación
y
el
 nivel
 de
 control
 prenatal,
 perdió
 significación
 dando
 una
 OR
 de
 1,3
 (IC
 95%:
 0,3-2,3).
 Cuando
 el
 colecho
 se
 practicó
 con
 otras
 personas
 y
 aplicando
 los
 mismos
 ajustes
 la
 OR
 subió
 a
 4,1
 (IC
 95%:
 2,0-8,4).
 Esto
 ha
 dado
 lugar
 a
 un
 importante
debate
y
algunos
expertos
han
evitado
pronunciarse
en
contra
de
la
 práctica
de
colecho.
 Una
revisión
sistemática
aparecida
en
2007
identificó
1218
publicaciones
sobre
 beneficios
y
riesgos
del
colecho,
donde
40
cumplían
los
requisitos
de
evidencia
 requeridos.
 La
 mayor
 parte
 de
 los
 trabajos,
 realizados
 a
 mediados
 de
 la centuria
 pasada,
 fueron
 estudios
 de
 casos
 y
 controles
 diseñados
 para
 conocer
 los
 factores
 de
 riesgo
 en
 general
 y
 no
 específicamente
 la
 asociación
 entre
 el
 colecho
y
el
SMSL.
Otra
circunstancia
que
dificultó
la
revisión
sistemática
fue
la
 disparidad
en
el
diseño
y
en
los
análisis
estadísticos
utilizados,
así
como
en
la
 definición
 del
 colecho.
 En
 5
 de
 las
 11
 publicaciones
 que
 aportan
 OR
 con
 IC
 95%,
 no
 se
 encontró
 relación
 significativa
 entre
 colecho
 y
 SMSL.
 En
 otra
 de
 ellas,
el
colecho
no
resultó
ser
factor
de
riesgo
cuando
los
padres
compartían
la
 cama
 con
 el
 bebé,
 pero
 sí
 cuando
 lo
 practicaban
 otros
 miembros
 de
 la
 familia,
 incluyendo
 los
 hermanos.
 Cabe
 destacar
 que
 en
 cuatro
 de
 los
 estudios
 en
 los
 que
 el
 colecho
 fue
 significativo
 como
 riesgo
 de
 SMSL,
 la
 definición
 de
 colecho
 (“compartir
la
cama
la
última
noche”),
fue
diferente
de
la
de
los
estudios
en
los
 que
 la
 relación
 entre
 colecho
 y
 SMSL
 no
 fue
 significativo
 (“práctica
 rutinaria”).
 Esta
 revisión
 pone
 de
 manifiesto
 que
 el
 tabaquismo
 de
 la
 madre
 aumenta
 el
 riesgo
de
SMSL
cuando
se
asocia
a
la
práctica
de
colecho
.

Un
 estudio
 reciente,
 con
 metodología
 rigurosa
 y
 donde
 se
 compararon
 80
 casos
de
SMSL
con
dos
grupos
control
(uno
elegido
al
azar
[n
=
87]
y
otro
con
 factores
 de
 riesgo
 conocidos
 [n
 =
 82]),
 demostró
 con
 un
 modelo
 de
 regresión
 logística
 multivariante,
 con
 independencia
 del
 grupo
 control,
 que
 la
 combinación
 de
 consumo
 de
 alcohol
 (más
 de
 dos
 copas)
 o
 drogas
 y
 colecho
 fue
 el
 predictor
 más
 consistente
 de
 SMSL.
 En
 cambio,
 el
 colecho
 solo,
 en
 ausencia
 de
 consumo
 de
 alcohol
 o
 drogas,
 sin
 la
 presencia
 de
 hermanos,
 presentaba
 un
 efecto
 protector
 para
 el
 SMSL,
 especialmente
 cuando
 se
 practicó
 en
 una
 cama
 y
 no
 en
 el
 sofá.
 La
 protección
 del
 colecho
 para
 el
 SMSL
 fue
mayor
en
las
madres
no
fumadoras
y
al
aumentar
la
edad
del
niño.
En
este
 estudio
 se
 encontró
 que
 la
 edad
 media
 de
 los
 niños
 afectados
 por
 el
 SMSL
 variaba
 según
 las
 condiciones
 del
 entorno
 donde
 el
 niño
 dormía:
 seis
 meses
 para
 los
 que
 dormían
 solos
 en
 su
 habitación
 y
 dos
 meses
 para
 los
 que
 compartían
 la
 habitación
 con
 adultos
 o
 practicaban
 colecho
 en
 un
 sofá.
 Entre
 estos
 últimos,
 la
 edad
 media
 fue
 de
 47
 días.
 Este
 estudio
 identificó
 además
 otros
 factores
 de
 riesgo
 para
 SMSL,
 como
 el
 uso
 de
 almohadas
 o
 cojines
 y
 el
 arropamiento
 con
 mantas
 ajustadas.
 La
 importancia
 de
 este
 estudio
 es
 que
 identifica
 factores
 de
 riesgo
 modificables
 mediante
 intervenciones
 educativas,
 dirigidas
 a
 la
 práctica
 de
 colecho
 y
 a
 la
 prevención
 de
 SMSL.
 Sin
 embargo,
 respecto
 al
 tema
 que
 nos
 ocupa,
 no
 aporta
 datos
 que
 nos
 permitan
 sacar
 conclusión
 definitiva
 sobre
 la
 influencia
 del
 colecho
 en
 el
 SMSL
 y
 la
 interrelación
con
el
efecto
protector
de
la
lactancia
materna.

Otro
 estudio
 descriptivo
 no
 controlado
 basado
 en
 una
 revisión
 retrospectiva
 de
 244
casos
de
SMSL
ocurridos
en
New
Jersey
entre
1996
y
2000,
constató
que

en
93
de
estos
casos
(38,9%)
se
había
practicado
colecho,
pero
solamente
en

cinco
 de
 ellos
 (5,4%)
 el
 colecho
 fue
 el
 único
 factor
 de
 riesgo.
 En
 los
 restantes
 88
 casos
 existían
 otros
 factores
 asociados,
 como
 posición
 en
 decúbito
 prono,
 tabaquismo
materno,
prematuridad,
infecciones
de
las
vías
respiratorias
altas
o
 el
empleo
de
sofá,
almohadas,
mantas
o
edredones
para
dormir.

estudio
de
Blair
de
1999
se
encontró
mayor
riesgo
de
SMSL
en
los
niños
 que
 durmieron
 solos
 (OR:
 10,49;
 IC
 95%:
 4,26-25,81)
 que
 los
 que
 hicieron
 colecho
(OR:
9,79;
IC
95%:
4,2-23,83).
En
el
estudio
realizado
por
este
mismo
 autor
 en
 2009
 los
 resultados
 fueron
 parecidos:
 OR:
 21,77
 (IC
 95%:
 3,79-125)
 frente
 a
 OR:
 21,34
 (IC
 95%:
 2,29-152,56),
 respectivamente.
 En
 el
 estudio
 de
 McGarvey,
 el
 colecho
 tuvo
 una
 OR
 global
 de
 16,47
 (IC
 95%:
 3,72-72,75)
 que,
 al
controlar
por
tabaquismo
en
la
madre,
bajó
a
4,31
(IC
95%:
1,01-17,37).
Sin
 embargo,
 no
 hubo
 controles
 para
 consumo
 de
 alcohol,
 como
 se
 apuntó
 previamente.
 Por
 último,
 el
 estudio
 de
 Carpenter
 encontró
 para
 el
 colecho
 una
 OR
 de
 17,7
 (IC
 95%:
 10,3-30,3)
 en
 las
 madres
 fumadoras,
 que
 pasó
 a
 ser
 no
 significativa
1,56
(IC
95%:
0,91-2,68)
en
las
no
fumadoras.

Colecho,
lactancia
materna
y
SMSL

Vennemann
 y
 cols.,
 en
 el
 Estudio
 Alemán
 sobre
 SMSL
 que
 incluyó
 333
 y
 998
 controles,
encontraron
que
la
lactancia
materna
disminuye
un
50%
el
riesgo
de
 SMSL
al
mes
de
vida.
Los
autores
recomiendan
que
los
programas
de
apoyo
a
 la
 práctica
 de
 lactancia
 materna
 deberían
 ser
 incluidos
 en
 las
 campañas
 de
 prevención
del
SMSL.

Por
 otro
 lado,
 varios
 estudios
 constatan
 mejores
 índices
 de
 lactancia
 materna
 entre
 los
 niños
 que
 practican
 colecho.
 En
 estos
 casos,
 sin
 embargo,
 no
 es
 posible
 esclarecer
 si
 las
 madres
 que
 amamantan
 son
 más
 proclives
 a
 dormir
 con
 sus
 bebés
 o
 si
 compartir
 la
 cama
 con
 el
 bebé
 favorece
 la
 prolongación
 de
 la
lactancia
materna.

Un
 estudio
 longitudinal
 reciente,
 que
 incluyó
 7447
 niños
 de
 0
 a
 4
 años,
 identificó
 cuatro
 grupos
 en
 cuanto
 a
 la
 práctica
 de
 colecho:
 los
 que
 nunca
 lo

practicaron
 (66%),
 los
 que
 lo
 practicaron
 solamente
 en
 los
 primeros
 meses
 de
 vida
(“colecho
precoz”:
13%),
los
que
lo
practicaron
después
del
primer
año
de
 vida
 (“colecho
 tardío”:
 15%)
 y
 los
 que
 lo
 practicaron
 a
 lo
 largo
 de
 los
 cuatro
 años
(“colecho
continuo”:
6%),
y
demostró
que
existía
una
relación
significativa
 entre
los
tres
patrones
de
colecho
(“precoz”,
“tardío”
y
“continuo”)
y
la
lactancia
 materna
 a
 los
 12
 meses
 de
 edad.
 Los
 autores
 del
 estudio
 concluyen
 que
 a
 la
 hora
de
establecer
recomendaciones
sobre
el
colecho
se
debe
tener
en
cuenta
 su
importante
relación
con
la
lactancia
materna.

Una
 revisión
 publicada
 por
 el
 Grupo
 Pediatría
 Basada
 en
 Evidencia
 de
 la
 AEP/Asociación
 Española
 de
 Pediatría
 de
 Atención
 Primaria
 hace
 hincapié
 en
 cifras
 crudas
 de
 OR
 de
 varios
 estudios,
 algunos
 ya
 comentados
 en
 este artículo,
cuya 
relevancia
se
modifica
al
analizar
en
detalle
dichos
resultados.
Si
 analizamos
 los
 cuatro
 estudios
 más
 importantes
 por
 la
 cuantía
 de
 OR,
 vemos
 que
 ninguno
 de
 ellos
 define
 las
 variables
 de
 lactancia
 materna
 siguiendo
 recomendaciones
 de
 la
 Organización
 Mundial
 de
 la
 Salud,
 ni
 se
 hacen
 ajustes
 con
 lactancia
 materna
 exclusiva,
 en
 tres
 no
 se
 incluyó
 dormir
 en
 un
 sofá,
 en
 uno
 no
 se
 tomó
 en
 cuenta
 consumo
 de
 alcohol
 en
 un
 país
 como
 la
 República
 de
Irlanda,
con
una
de
las
tasas
de
alcoholismo
más
altas
de
Europa
(Tabla
2).
 La
 falta
 de
 ajuste
 con
 variables
 tan
 determinantes
 en
 estos
 y
 otros
 estudios,
 limita
su
valor
predictivo
para
la
población
general.

CONCLUSIONES

Las
 bajas
 tasas
 de
 lactancia
 materna
 entre
 los
 lactantes
 españoles
 y
 del
 resto

del
 mundo
 son
 un
 problema
 de
 salud
 pública
 de
 primera
 magnitud,
 por
 los
 importantes
riesgos
que
trae
consigo
la
falta
de
amamantamiento,
para
la
salud
 presente
y
futura
de
niños
y
mujeres.
La
 crianza
 desde
 la
 cercanía
 ofrece
 mayores
 oportunidades
 de
 mantenimiento
 de
la
lactancia
materna,
con
la
consiguiente
reducción
de
la
morbimortalidad,
el
 afianzamiento
 del
 vínculo
 madre-hijo,
 el
 desarrollo
 de
 una
 relación
 de
 apego
 seguro
entre
el
bebé
y
su
madre,
y
el
modelaje
de
respuestas
adecuadas
ante
 situaciones
de
estrés.

No
 existe
 evidencia
 científica
 firme
 que
 desaconseje
 la
 práctica
 de
 colecho
 en

los
 bebés
 amamantados,
 en
 ausencia
 de
 factores
 de
 riesgo
 conocidos;
 en
 cambio,
 sí
 existe
 evidencia
 de
 los
 efectos
 nocivos
 del
 consumo
 sistemático
 de
 fórmulas
 lácteas
 infantiles
 y
 de
 las
 prácticas
 disruptivas
 en
 la
 relación
 materno
 filial
 (como
 acostumbrarlos
 a
 dormir
 solos,
 a
 que
 lloren,
 a
 que
 se
 alimenten
 cuando
 “les
 toca”),
 cuya
 consecuencia
 futura
 puede
 ser
 la
 aparición
 de
 conductas
disfuncionales
en
estos
lactantes.
Por
otro
lado,
conforme
aparecen
 nuevas
 causas
 de
 SMSL
 asociadas
 a
 trastornos
 metabólicos
 y
 a
 alteraciones
 cardiacas
 y
 neurológicas,
 los
 resultados
 de
 los
 estudios
 epidemiológicos
 realizados
hasta
ahora
se
verán
más
limitados.
 En
ausencia
de
pruebas
que
demuestren
el
perjuicio
de
la
práctica
del
colecho
 en
 los
 bebés
 amamantados,
 y
 siendo
 este
 beneficioso
 para
 la
 práctica
 y
 el
 mantenimiento
de
la
lactancia
materna,
la
decisión
sobre
la
práctica
de
colecho
 debe
 ser
 de
 los
 padres.
 Dado
 que
 los
 estudios
 han
 identificado
 una
 serie
 de
 factores
de
riesgo
que
asocian
dicha
práctica
con
el
SMSL,
creemos
necesario
 informar
a
los
padres
para
evitar
tales
situaciones
durante
el
sueño.

Factores
que
aumentan
el
riesgo
de
síndrome
de
muerte
súbita.

– Ausencia
de
lactancia
materna
exclusiva
– Posición
del
bebé
boca
abajo
durante
el
sueño
– Consumo
de
tabaco
por
uno
o
ambos
progenitores
– Consumo
 de
 alcohol,
 drogas
 u
 otras
 sustancias
 o
 medicamentos
 que

alteran
las
capacidad
de
respuesta
de
los
progenitores

– Colecho
en
superficies
blandas
y
no
planas
(sofás
o
colchones
blandos)
 – Arropamiento
excesivo
del
bebé
– Colecho
 con
 otras
 personas
 (hermanos
 incluidos)
 que
 no
 sean
 los

padres
– Uso
de
almohadas,
cojines
o
edredones
– Obesidad
mórbida
de
alguno
de
los
progenitores

Como
alternativa
al
colecho,
ante
la
presencia
de
alguna
situación
de
riesgo,
es
 recomendable
 la
 práctica
 de
 cohabitación
 con
 la
 cuna
 del
 bebé
 cercana
 a
 la
 cama
 de
 los
 padres.
 La
 cuna
 tipo
 sidecar
 permite
 al
 bebé
 dormir
 sobre
 el
 colchón
 de
 su
 cuna
 al
 mismo
 nivel
 de
 la
 cama
 de
 los
 padres,
 sin
 que
 baranda
 alguna
 les
 separe.
 Ha
 demostrado
 ser
 segura
 y
 no
 interferir
 con
 la
 frecuencia
 de
las
tomas
de
pecho
materno.

ABREVIATURAS:

A E P : 
 Asociación
Española
de
Pediatría
•
I C 
 9 5 % : 
intervalo
de
confianza
del
95%
•
O R : 
odds
 ratio
•
S M S L : 
síndrome
de
muerte
súbita
del
lactante.

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