Reflexiones sobre los acontecimientos de Hondarribia 2.004

REFLEXIONES SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS DE HONDARRIBIA (4/10/2004)

Cuando ocurre un hecho tan impactante, como ha sido el suicidio de Jokin, la sensibilidad adormecida del sistema social se despereza un poco. Surge entonces la agitación pues de repente nos parece incomprensible que se haya podido llegar a algo tan desesperado y extremo. Y, nos desconcierta las consecuencias que un acontecimiento como este llega a tener en el entorno más directo, aquel en el que se sitúan los compañeros y amigos, los padres, los profesores…………………….

Entonces, intentando comprender y lograr cierto alivio, buscamos lo que parezca ser un responsable mas directo, para poder descargar sobre ellos la rabia y la impotencia.

Ante situaciones que reflejan tanta infelicidad, yo soy más partidario de pensar que de alguna manera todos hemos contribuido, que raramente los problemas son exclusivos y excluyentes. Que en una u otra

medida, un problema individual no deja de ser la cara oculta de un problema social.

Por eso no basta señalar y castigar, pues no es suficiente responder solo en el plano de lo inmediato. Habría que ir más allá: profundizar en las causas del sufrimiento y el desespero, entendiendo y creando recursos para prevenir los problemas emocionales, para salir de los ciclos que reproducen el odio y lo enquistan.

A mi parecer, lo que hay en el fondo de esa desdicha, es una persona que no apostó por la

vida, que no la tuvo en estima, que no la sintió preciosa y valiosa y esto tiene mucho que ver con una sociedad que va fabricando victimas y verdugos.

¿Cómo se llega a evitar desarrollar una baja autoestima? Evidentemente esta es una pregunta compleja con muchos matices, pero en el fondo la autoestima es el reflejo de la estima por uno mismo, y todos sabemos, que esto, no se puede separar de cómo a lo largo de nuestra vida nos fuimos sintiendo estimados por los demás.

Nacemos y crecemos dentro de relaciones como la familia, la escuela, el barrio… , que suponen también un contexto afectivo.

Cuanto más pequeño es un ser humano la demostración del afecto esta unida a la satisfacción de sus necesidades más primarias, no solo de comida o de higiene sino que también de disponibilidad, cariño y calor humano. Y, es esa vivencia de placer, lo que impulsa la motivación del niñ@ para abrirse y conocer el mundo, explorando las cosas apoyado en la tranquilidad que da la

seguridad de base. De esta forma se mantiene viva la comunicación y el intercambio fluido con los otros, madre, padre, con la familia, compañeros y personas que forman parte del entorno. Es así como crecen los niñ@s sin perderse sin dejar de sentirse ubicados, manteniendo claros sus referentes claros, sabiéndose capaz de acceder al otro y al conocimiento.

Pero si en vez de placer y satisfacción encontramos la incomunicación con la propia realidad de los niñ@s , lo que

también aparecerá será la ansiedad, la insatisfacción, la depresión, la violencia… y todo esto dificulta el desarrollo emocional y neurobiológico, los procesos cognitivos se obstaculizan, ocupados en sobrevivir de la mejor manera posible, y se observa como disminuye la motivación en relación con el exterior.

En esta dinámica de incomprensión y desafecto uno siente que no puede llegar, que el otro no es accesible ni está disponible. Aunque se esfuerza resulta inútil, ya que esto solo

hará que aparezca la ansiedad, la frustración, que produce sentimientos a veces de resignación, otras de irritabilidad.

Este es un ciclo que conocemos bien en su vertiente más social, desarraigo, marginación, fracaso escolar, violencia, autoagresión, dependencias varias, pero del que solemos olvidar que planta sus raíces en terrenos muchos más cotidianos: del cuidado en la crianza de los primeros años.

La forma en que tratamos a los niños pone de manifiesto la calidad de la relación que los

adultos tenemos con los procesos vitales, y observamos, que al menos en mi opinión, desgraciadamente son un ejemplo de nuestra desconexión emocional, de nuestra ignorancia sobre lo que es importante para cuidar y mantener la ecología de los seres humanos. Nos estamos obligando a vivir en un hábitat cada vez mas desfavorable y esto tiene su precio en términos de salud.

Por ejemplo proponemos la separación casi desde el inicio de los niñ@s de sus madres, los alejamos de la familia con pocos

meses con la escolarización temprana, sin darnos cuenta de que ese es un recurso creado por las necesidades laborales de los padres, ajeno a las necesidades de los pequeñ@s. No hacemos ni reclamamos a nivel social la falta de recursos y ayuda dirigidas a los padres en esta primera infancia para evitar adaptaciones forzadas sin tener en cuenta el momento del desarrollo. Ni tampoco preparamos al sistema educativo para realizar correctamente esta función no de guardar, sino de Cuidar, cuando no hay otras

posibilidades.

Así, en la incomprensión y la falta de delicadeza en el trato de tantos cachorros, nacen semillas que generan odio y rabia. Pero no nacen solas, sino que lo hacen de actitudes que demuestran una y otra vez que mi realidad no cuenta, no tiene importancia, no te importo, no importo. Así uno difícilmente podrá sentirse valioso.

Las acciones y no solo las palabras son las que nos confirman, y nos dan coherencia, sujetando nuestra credibilidad de padres y educadores.

¿Cómo voy a sentir que me quieres si no tienes tiempo para mí? ,

¿Qué respeto muestro al entorno si lo contamino?

¿Quien se preocupa por los ciudadanos cuando no hay salidas laborales?

¿Cómo voy a sentir que me ayudas si estoy en la guardería a los pocos meses de nacer?

¿Cómo no sentirse un estorbo?

¿Cómo no sentir que me engañas y solo quieres aprovecharte de mí?

Ciertamente no voy a pecar de ingenuo y se bien que todo ello es consecuencia de la realidad estresada de los adultos y la sociedad, de la opresión de los sistemas de vida que vamos creando, pero tampoco pecare de insensible para reconocer lo lejos que estas medidas están de la realidad concreta de los niñ@s y los jóvenes.

Muchas simientes de esta violencia normalizada la padecen los niñ@s desde bien pequeños, aunque sea en la pre- adolescencia cuando den sus frutos, cuando muchos padres

se dan cuenta que la oportunidad para la comunicación se les escapó en otro momento que ahora ya no la logran recuperar, llegando a tiranizar la relación.

Al crecer la importancia de lo social aumenta e intentamos fortalecer nuestro yo con el grupo social, con los amigos, con las relaciones entre iguales. Por eso desde los 7, 8,9, años el peso de la importancia de los amigos cuenta cada vez más. Como forma de lograr la atención buscan un espacio de protagonismo y lo buscan fuera, aveces no como evolución del

desarrollo, sino como compensación de otras carencias, la atención tiene mucho que ver con el ser atendido. Se traslada al exterior demandas y expectativas que no se cumplieron. Las rivalidades, fragilidad , temeridad, pueden llegar a intensificarse a espalda de los padres y maestros reproduciendo mecanismos de poder, y de violencia similares a los que utilizamos frecuentemente los adultos en nuestras formas de estar con los otros e incluso de estar con

nosotros mismos .

En un articulo reciente aparecido en el Diario Vasco Josi un andereño de educación primaria decía “a los niños hay que observarles y escucharles para que se puedan sentir ellos mismos” y claro, para eso hay que “estar” además de “parar”.

Parar y estar atento a lo que les rodea, para captar no solo lo que es evidente sino que también lo que cuesta ser expresado. Comprender la complejidad y la sutilidad que en el caso de los niñ@s y jóvenes supone la necesidad de la circulación de la

información de las interacciones entre la familia, la escuela, y la sociedad. Dando un lugar prioritario a la unidad emocional e intelectual de la persona a lo largo del proceso educativo. Comprendiendo las reacciones que los niñ@s manifiestan, como sus respuestas, aun siendo estas tan desesperadas, como el intento de búsqueda de la libertad en la muerte, de Jokin, que ojalá nos llene a todos de interrogantes.

Si no humanizamos la infancia desde la infancia tenemos el riesgo de no llegar a

humanizar la sociedad

Donostia 4-10-04

José Ramón Mauduit Agirrezabala

Psicólogo. Especialista en prevención Primaria y Comunitaria.

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