Testimonio de parto en casa

 

TESTIMONIOS

 

 

La madre temía al hospital, ese era su mayor fantasma, incluso más que el propio dolor del parto, y decidieron llevar a cabo un  parto natural en casa. Se pusieron en contacto con una matrona que tenía experiencia en este tipo de partos e hicieron los preparativos para ello.

 

Cuando se acercaba el momento del parto, rompió aguas, pero las contracciones no venían y esto empezó a ponerla nerviosa, ya que si en 24 horas no daban comienzo, tendrían que acudir a un centro hospitalario. Viendo los nervios, su compañero puso música africana, que solían oír regularmente en casa. Entonces ella rompió a llorar y se calmaron un poco los ánimos. Hablaron con la matrona y examinaron la dilatación. Las contracciones ya habían comenzado, pero muy de vez en cuando, apenas notaba molestias… Vista la situación, la futura madre estaba muy preocupada ya que en los centro hospitalarios imponen sus propias pautas en caso de que las contracciones y la dilatación no sean  consideradas las necesarias al cabo de un periodo de tiempo. Si consideran que el proceso va más lento que lo establecido, ponen en marcha diferentes mecanismos para provocar el parto.

 

De nuevo hablaron con la matrona y decidieron esperar. Ya había transcurrido un tiempo desde que rompió aguas y utilizaron la homeopatía para prevenir cualquier infección que pudiera sufrir el bebé antes del parto.

 

Pasaron algunas horas y comenzó a sentir pequeñas molestias o sensaciones, tal y como las define ella. Pero las sentía únicamente cuando estaba tumbada en la cama, ya que al cambiar de postura se le iban. Nuevo contacto con la matrona y esta les indicó que estas molestias eran la señal de que el parto había comenzado.

 

Hacia las nueve de la noche, volvieron esas pequeñas molestias o sensaciones, y decidieron salir a dar un pequeño paseo, siempre en contacto con la matrona, decidieron esperar un poco más. Pasadas unas horas, sobre la una de la madrugada, de nuevo comenzaron los dolores, esta vez eran más fuertes. Ella decide dejar descansar al compañero en la cama y se dirige a la sala de estar para relajarse y llevar a cabo los ejercicios de respiración. En la sala, con la tranquilidad que le daba la oscuridad, siguió controlando la respiración sintiendo las contracciones que le venían.

A las siete de la mañana   conversación con la  matrona; ésta les indicó que le avisaran cuando las contracciones vinieran en intervalos de cinco minutos y se repitieran durante media hora. La madre cuenta que a partir de este momento perdió la consciencia del tiempo y que comenzó a actuar guiada por el instinto. (Desde “Hazi Hezi” subrayan la importancia de este instinto, ya que estimula las fuerzas internas de la madre).

 

La madre cuenta que en un principio las contracciones le producían nauseas y que inconscientemente comenzaba a hiperventilarse, pero que gracias a los consejos que había recibido en “Hazi Hezi” y los conocimientos que tenía en yoga, consiguió dar la vuelta a la situación. Añade que, a partir de este momento el dolor se le hizo más llevadero. Aún y todo, desde “Hazi Hezi” comentan que los vómitos pueden aliviar la tensión en algunos casos.

 

Daban las diez y media, y la matrona le aconsejó que se diera un baño, intuía que el bebé venía por el lado izquierdo y le aconsejó que se tumbara hacía la izquierda para que dilatara más. Además, le explicó que el agua actuaría como la epidural.

En cambio, ella cuenta que en la bañera el dolor comenzó a aumentar y empezó a perder el control, se dilató más y apenas se podía mover. Pero la tranquilidad y confianza de su compañero, que se encontraba al lado, la tranquilizó un poco según cuenta.

 

Entonces, la matrona le preguntó si estaba dispuesta para empujar y dónde lo quería hacer. Y fue entonces cuando decidieron ir a la sala de estar. Probaron con tres posturas. Comenzaron en cuclillas, pero la matrona le preguntó si quería probar sentada en el suelo, mientras su pareja hacía de reposadero. Lo hicieron así y cuando el bebé estaba apunto de asomar la cabeza, se puso a gatas abrazando a su pareja (asegura que en esa postura sentía un gran apoyo físico y emocional por parte de su compañero). Al final, cuenta cómo las contracciones eran cada vez más fuertes pero que a la vez, tenía más tiempo de coger fuerzas entre éstas. En algunos momentos tuvo la sensación de que la cosa no prosperaba, pero como bien dice su compañero, durante el parto el paso que se da hacia atrás siempre será menor que el que va hacia adelante, por lo que el proceso no se interrumpe, el bebé siempre irá avanzando.

 

La madre recuerda que en esos momentos volvió a hiperventilarse, pero que gracias a las indicaciones de la matrona, enseguida recuperó el control de la situación.

 

Cuando la cabeza del bebé comenzó a asomar, sintió algo así como que le quemaba. En ese momento, la matrona le indicó que no empujara más para que el bebé saliera con el simple impulso de las contracciones. Fue entonces cuando al fin el bebé salió. En ese momento la matrona dejó al recién nacido en los brazos de su madre y no cortó el cordón umbilical hasta que este dejó de latir. La placenta vino después y la madre cuenta que apenas se dio cuenta de ello.

 

Era una de la tarde y la madre se tumbó en la cama con el bebé para recuperarse del esfuerzo que habían hecho. Más tarde a las tres de la tarde, la pareja con su hijo recién nacido, comieron con la matrona y su propio bebé de tres meses. Mientras comían hablaron de como les fue el parto y los detalles al respecto comentando la experiencia que habían tenido. La madre cuenta que este momento, junto con el parto también fue  muy mágico.

 

El padre por su parte hace una interesante reflexión. Según él, los partos son muy personales y por lo tanto no se puede idear de antemano  cómo irá el proceso. Cada una tiene su propio parto, dice, y cada una necesitara su tiempo y tendrá sus propias necesidades. En sus palabras, los partos no responden a relojes y se tiene que respetar el ritmo biológico, tanto de la madre como  del bebé.

 

En este aspecto, la pareja está de acuerdo a la hora de afirmar que existe una amenaza por parte de las instituciones en el sentido de que imponen el tiempo en el que se deben desarrollar los partos. En el hospital Iruñea por ejemplo el periodo máximo es de 12 horas, en Donostia son 24 horas… Según ellos, esto no hace más que crear histeria y miedo. La razón por la que imponen estos tiempos es el riesgo que puede correr el bebé ya que la bolsa que le protege se ha roto, pero mientras la madre y el bebé estén fuera de peligro  hay sistemas para evitar las posibles infecciones, como en este caso, que utilizaron la homeopatía tal y como nos explica el padre, que es médico.

 

Afirman que parir en casa es tener un parto de calidad, y que estas condiciones producen más energía, tanto en el mismo parto como después de él. En este sentido, el padre se reafirma en que el recién nacido tiene su propio ritmo biológico y este marcará el día a día. “Hay que cambiar de chip” dice él. En este cambio de ritmo, han necesitado ayuda del exterior y para ello,  creen necesario un servicio público preparado para cubrir las necesidades de las familias que se encuentran en esta situación.

 

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