Testimonio de una segunda experiencia de nacimiento.

NUESTRO PARTO Este es el relato de nuestro parto:

El domingo por la mañana, mientras estaba en la cama, sentí las primeras contracciones. Eran las 7 de la mañana, miré al despertador y me di cuenta que eran cada 5 minutos. Pero eran unas contracciones muy suaves, duraban muy poco y no me parecían dolorosas. Se lo dije a mi compañero y comentamos que igual era hoy el día que estábamos esperando. Nos levantamos, desayunamos y empezamos poco a poco a hacer algunas cosas (poner la lavadora, recoger la ropa, mirar si habíamos puesto todo en la bolsa para el hospital…). Desayunamos los tres tranquilamente y le dijimos al mayor que igual hoy iríamos a traer al bebé, él se puso contento, quería que su hermana naciera cuanto antes. Las contracciones seguían, a veces cada 5 minutos, otras veces cada 10, cada 7 minutos…Pero no me molestaban mucho, a pesar de las contracciones podía seguir tranquilamente haciendo mis cosas.

Cuando me venía una contracción me imaginaba que mi bebé estaba empujando un poquito para ir poco a poco abriéndose camino, pensaba en ella y le decía que estaba con ella, que la acompañaba y que entre las dos haríamos el camino. A ratos iba a la sala y me sentaba encima del balón suizo y hacía suaves movimientos de pelvis para así ayudar al bebé a ir colocándose bien. Mientras tanto mi compañero y el mayor estaban tranquilos, jugando, leyendo…Bueno, tranquilo estaba el mayor, mi compañero jugaba con él pero estaba todo el rato pendiente, ¿te duele?, ¿cada cuanto son ¿…Seguían siendo cada 10 o 5 minutos pero muy suaves, apenas me dolían. Yo no sabía si esto era el comienzo del parto o eran solamente unas señales de que el día estaba por llegar,,,

Ese día teníamos comida familiar con toda la familia de mi compañero y por si acaso decidimos no ir, comeríamos los tres en casa. También llamé a mi madre para decirle que tenía unas pequeñas molestias y que podía ser que tuviésemos que ir al hospital, en ese caso el mayor se iba a quedar con ellos. Al medio día la cosa seguía igual, los dolores eran muy suaves pero seguían siendo bastante regulares. Mi compañero y el mayor salieron a la calle a dar una vuelta y yo me quedé en casa y me tomé un baño caliente. Luego comimos los tres en casa. Como yo estaba tranquila ellos fueron a tomar el postre a donde estaba la familia y yo me quedé descansando. Durante una hora o dos las contracciones se fueron espaciando más y hasta llegaron a parar, no había nada. Vi una película, salseé en el ordenador…Pensé que igual había sido una falsa alarma. A media tarde volvieron a empezar las contracciones como antes, regulares cada 5 o 10 minutos pero muy suaves. Yo seguía estando tranquila, sentándome en el balón suizo y acompañando a mi bebé en cada contracción, a veces le hablaba, le decía que este pasaje lo haríamos entre las dos…después de las contracciones respiraba muy profundamente para oxigenarle. Pero me parecía que todavía faltaba mucho, los dolores eran suaves. Ese espacio de 5 o 10 minutos entre cada contracción me daba tiempo para tranquilizarme, para respirar, para hacer algunas cosas, para merendar…En el parto anterior los dolores fueron mucho más seguidos y yo no me acordaba de tener esos respiros entre contracción y contracción.

Mi compañero y el mayor volvieron a casa y de nuevo estábamos los tres en casa, mi compañero estaba todo el rato pendiente. Me dijo que me tomara un baño y así lo iba a hacer pero se me adelantó el niño, y nos dijo que él se quería bañar para relajarse.

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Estaba al tanto de todo y nos hizo gracia. Se tomó un largo baño caliente y yo seguía igual. La noche se acercaba y empezamos a pensar qué hacer, ya eran muchas horas pero a mi me parecía que de momento seguía siendo muy llevadero, no quería llegar al hospital y que me dijeran que apenas había dilatado. Sin embargo teníamos que decidir qué hacer, si llevar al niño a casa de mis padres o esperar hasta la mañana siguiente. Mientras lo estábamos hablando, a las 20:00, se nos quedó dormido en el sofá. Se había relajado tanto en la bañera que se quedó rendido, ya no le podíamos llevar a casas de mi madre y lo metimos en su cama. Luego yo me tomé un baño y seguía tranquila aunque poco a poco las contracciones se iban haciendo un poco más fuertes, ahora siempre eran cada 10 minutos. Hacía las 23:00 decidimos que lo mejor sería ir por si acaso al hospital y llamamos a mis padres para que vinieran a nuestra casa. Ellos llevaban todo el día pendientes, mi madre me llamó unas cuantas veces y me repitió una y otra vez que lo mejor sería que fuera al hospital, ellos estaban nerviosos. Llegaron a nuestra casa, yo me duché y hacia las 24:00 empezamos a salir de casa y el niño se despertó. No se quería dormir, entre contracción y contracción le conté cuentos pero no se dormía, se había desvelado. Él también percibía que pasaba algo. Le dijimos que nos íbamos al hospital a traer al bebé y él se quedaba con los abuelos como lo habíamos hablado. Estaba de acuerdo pero no se quería dormir, nos despedimos y se quedaron los tres en el sofá viendo un video de dibujos.

Salimos de Alegia pero se nos olvidó un papel y volvimos a casa, andábamos tranquilos. Yo en el camino fui apuntando las contracciones, eran cada 7 minutos, a veces cada 5…, poco a poco eran cada vez más fuertes pero seguían siendo llevaderas, yo intentaba acompañar a mi bebé y me la imaginaba empujando poco a poco para abrirse camino. La última contracción que apuntamos en el coche fue a la 1:04, aparcamos y fuimos andando hasta el materno. Cuando me venía la contracción tenía que dejar de caminar y agarraba fuerte a mi compañero. Él me decía que respirara, pasaba la contracción y seguíamos. Entramos al hospital y nos atendieron bastante rápido, había poca gente. Yo dudaba de lo que nos iban a decir, pensaba que igual nos dirían que no había dilatado nada, igual habría que esperar…me miró la ginecóloga y me dijo que ya estaba dilatando de 5 cm, ¡No me lo podía creer! Me puse muy contenta, ahora si que era seguro que estaba de parto. Se lo dije a mi compañero y los dos felices, en seguida nos pasaron al paritorio. Vino la matrona y se presentó. Yo en seguida le deje que hacía unos días que habíamos entregado un Plan de Parto explicando cuales eran nuestros deseos para el parto. Habíamos llevado una fotocopia por si acaso y nos la pidió, no sabía donde estaría el Plan de Parto que habíamos llevado previamente al hospital. Nos dijo que se iría y que lo leería en un momento. Cuando volvió nos dijo que no había ningún problema para hacer las cosas como habíamos pedido, la única cosa que no se solía hacer era mantener al bebé todo el rato con la madre. Si no queríamos que se lo llevaran para hacer las pruebas teníamos que firmar un papel. Le dijimos que más que no hacer pruebas lo que queríamos era que no se la llevaran por lo menos durante la primera hora y ella dijo que lo intentaría hacer así.

Mientras hablábamos de todo esto el tiempo pasaba y las contracciones eran cada vez más fuertes. ¡Ahora sí que eran dolorosas! Entre contracción y contracción tenía un respiro, pero volvía otra contracción, cada vez más fuerte. Mientras duraba necesitaba agarrar muy fuerte a mi compañero, y ahí estaba él para animarme, para apoyarme y para decirme que lo estaba haciendo muy bien. Yo ya me tenía que poner acurrucada y a cuatro patas para poder sobrellevar el dolor. Pensaba en mi bebé, que fuerte estaba empujando, quería acompañarla pero me preguntaba si sería capaz. Era una fuerza muy

fuerte la que sentía, ¿De donde salía esta fuerza? ¡Qué intenso! ¡Qué salvaje! Ahora todo estaba siendo muy rápido, no controlaba las contracciones y esa fuerza interior me llevaba…En dos de las contracciones hice de vientre, no lo podía evitar, me sentí un poco fuera de control. ¡Que fuerte estaba siendo! En un momento llevé la mano a la vagina y me pareció tocar la cabecita, “¡Ya está aquí el bebé!” grité. Entonces vino la matrona, estaba en la habitación de al lado para dejarnos tranquilos pero ahora su presencia me tranquilizaba y me daba seguridad. “¿de cuanto estaré?” le pregunté y me dijo que ya de diez. Esto me animó. Miré el reloj y me di cuenta de que había pasado solamente una hora desde que habíamos llegado y había pasado de 5 cm a 10 en esa hora. Estaba a cuatro patas, me miré la vagina y vi que lo que me había parecido la cabecita era la bolsa que no se había roto y había salido un poco y estaba colgando. Ya sólo faltaba el expulsivo.

Todo seguía su curso siguiendo las leyes de la naturaleza, el cuerpo hacía su trabajo y yo intentaba ser consciente de lo que estaba aconteciendo. Me acuerdo que en un momento le dije a mi compañero que no sabía si iba a ser capaz, que aquello era muy fuerte. Estaba sudando. El me dijo que ya faltaba muy poco, que lo había hecho sin epidural como yo había querido, que lo estaba haciendo muy bien, que faltaba poco…¡Como me ayudaron esas palabras! “Es verdad” pensé, “nuestro bebé dentro de poco estará con nosotros. ¡Ánimo!. Le comenté a la matrona que no sabía si quedarme en esa postura para el expulsivo, ella me dijo que como yo quisiera, que quizás si tenía que ayudar ella en algo se le iba a hacer un poco difícil. También me dijo que si quería poner a la niña en mi pecho nada más salir que igual estaría mejor en cuclillas y me ofreció una pequeña silla, como un pequeño taburete pero con forma de herradura. Dijo que hacía poco que lo habían traído. Me senté y vino una contracción muy fuerte, me dolía muchísimo. Yo grité y eso me liberaba, aliviaba el dolor. Mi compañero estaba a mi lado y yo le agarraba con fuerza del brazo. Yo no se si empujaba o no, era mi cuerpo el que estaba haciendo la fuerza, nuestro bebé salía empujada por las contracciones. Noté como de repente la cabeza empezaba a salir, sentí como un ¡plof!, me abrí. ¡Que sensación! Lo recuerdo ahora y me estremezco. Sentía como empezaba a asomarse. No se si un poco antes o después se rompió la bolsa y salieron las aguas como un río. Mi compañero me dijo “¡Ya está saliendo, ya está naciendo!”, de nuevo sus palabras me hicieron volver a ella, volver a acompañarla. Mi compañero estaba muy emocionado y estuvo llorando en los momentos que estaba saliendo. Yo estaba con los ojos cerrados por los dolores y la matrona, que estaba delante de mi me dijo: “Espera un poco, tranquila, abre los ojos y no empujes fuerte, poco a poco”. Le hice caso, aunque tampoco sabía si estaba empujando fuerte o no, pero abrí los ojos y sentía como salía la cabeza poquito a poquito, ya no me dolía. Nuestro bebé había nacido y la matrona en seguida me la puso encima. Estaba aquí, con nosotros. ¡Había nacido! Parecía magia. Nuestra pequeña, encima de mi pecho y todavía unidas por el cordón. ¡Qué feliz me sentí! ¡Qué felices nos sentimos los dos! ¡Sentí que a él también le quería mucho! Había nacido a las 2:25, solamente hacía una hora y cuarto que habíamos llegado al hospital.

Le dije a la matrona que ahora si que me tumbaría en la cama, me sentía cansada y le tendría mejor apoyada en la cama. Me tumbé y las piernas me temblaban del esfuerzo que había hecho. Creo que temblaron durante todo el rato que estuve tumbada. La matrona dijo que el cordón ya había dejado de latir y que si nos parecía bien lo íbamos a cortar. Lo preparó y lo cortó mi compañero. Ahora faltaba la placenta y tardaba un poco en salir. La matrona dijo que podría ayudar ella empujando un poco en la tripa y yo enseguida le dije que sí, yo ya quería acabar. Ella esperó todavía un poco más pero al

final ayudó un poco con la mano, en seguida salió la placenta y nos lo enseñó, todo estaba bien. Nuestro bebé seguía encima de mi pecho y lloraba. Le ofrecía el pecho pero solamente mamó un poquitín. No quería más. La matrona dijo que íbamos a esperar una hora para llevarla a pesar y a hacer las pruebas, que sí había tiempo. También fue a preguntar cuánto tiempo la iban a tener porque le dijimos que en el primer parto la espera se nos hizo muy larga. Mientras tanto, cuando nos quedamos solos los tres se tranquilizó mucho, estaba tranquila y callada. Cuando pasó la hora se la llevaron y cuando la trajeron ya nos subieron a una habitación.

A la mañana siguiente llamamos a casa para decir que ya había nacido. Mi madre me dijo que el mayor no se había dormido hasta las tres de la madrugada. Durante todo el tiempo que duró el parto él estuvo despierto en casa, más o menos cuando nuestro bebé se tranquilizó, también él se durmió.

Durante las primeras 24 horas apenas quería mamar, no tenía ningún interés, sólo quería dormir. Eso me preocupó un poco, me hizo recordar las dificultades que tuve la anterior vez. Además las enfermeras y auxiliares me preguntaban si había tomado y yo no podía despertarla, si se despertaba chupaba un poco, jugaba pero no mamaba. Entonces vino una enfermera (Conchi), especialista en lactancia y no sé cómo pero la puso mamando y me tranquilizó mucho. Se me quitaron todos los miedos. Por la tarde vino el niño a visitarnos y estuvimos los cuatro. Yo no tenía ningún punto, ella ya mamaba bien y como yo me encontraba bien, a la mañana siguiente cogimos alta voluntaria y nos fuimos a casa. Todos descansaríamos mejor.

Durante varios días no pude quitarme de la cabeza la vivencia del parto. ¡Qué experiencia más intensa! Cuantas veces le dije a mi compañero “Que experiencia más fuerte, ¿verdad?”. Él estaba de acuerdo, para él también fue muy intenso y emotivo. Al día siguiente del parto pensaba que ahora que sabía cómo era un parto no sabía si podría volver a vivirlo. Pero ahora que han pasado unos días estoy segura de que es la mejor opción, de tener que volver a elegir, elegiría un parto igual. Creo que es lo mejor para el bebé, para la madre y para todos.

Los primeros días de la vida de nuestro bebé han sido muy tranquilos y hemos estado los cuatro muy bien. Lo que hemos vivido y estamos viviendo me recuerda el título de una charla que dio Cristina Aznar.

“PARIR CON PLACER, CRIAR CON PLACER”

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