Testimonios

ADEI (05/10/2007)

 

 

Hoy me siento más fuerte, más poderosa, más segura, más viva.

Hoy se que puedo superar cosas muy fuertes.

Sé que el dolor no me rompe, no me destruye. Al menos, no este dolor…

 

Si te abres a él, te enseña a aceptar esa lección tan difícil de comprender a veces,

que todo lo que ocurre tiene un sentido.

Y sin el enorme dolor que se siente en el parto, la otra cara de la moneda, la EMOCION, el AMOR, la ALEGRIA, es también más pequeña (y hablo después de haber experimentado los dos tipos de parto).

 

Sin ese relámpago de miedo a la muerte, no aparece tan clara

la revelación de estar viva.

Sin ese miedo a romperte, a que no vas a poder en esos momentos finales, no sentiría la seguridad, la fortaleza, la sensación de ser capaz que siento ahora.

Por eso me siento más fuerte, más viva, más segura hoy que antes de parir. Ese es el regalo que la vida y Adei me han dado.

 

 

Este es el relato de mi parto, del parto de Adei, que nació al calor de nuestro hogar, la noche del 5 de Octubre de 2007, a las 00:07. igual no soy muy objetiva porque al segundo de haber nacido Adei ya me había olvidado del dolor…

 

La tarde del jueves mientras estaba con las txikis en el parque ya empecé a sospechar algo, notaba pequeñas molestias de regla, así que llame a mi amiga Maritxu con la que iba a correr (bueno, embarazada yo en bici y ella corriendo) y que se iba a ocupar de las niñas durante el parto, para decirle que se trajera el pijama por si acaso. Y a otras dos amigas con las que solemos ir a cenar, las llame para decirles que cenábamos en casa, no sea que me pusiera de parto en el restaurante.

Así que de 8 a 9 dimos un paseíllo en bici. Sentía de vez en cuando un dolorcillo pero soportable.

De 9 a 10 estuvimos cenando con las amigas en la terraza de casa. Una de mis amigas me decía un poco nerviosa que tendría que llamar a la matrona, así que cronometramos cada cuanto eran las contracciones, y bueno, como eran cada 3 minutos, llamamos a Luis, que dijo que venía a dormir a casa. todavía se soportaban perfectamente.

Pero a las 10:30 ya empezaban a doler más, ya no tenía ganas de hablar ni de esetar con gente, así que aprovechamos que estaban las amigas para sacar a pasear a Kenia antes de irse. Maritxu se fue a acostar a Eider y Madi y yo apagué todas las luces.

Y aquí ya empezó el asunto a ponerse serio. La contracción dolía, me agarraba a Inaxio y cuando pasaba, había tiempo de descanso y aprovechaba para prepararle la cama a Luis (todavía pensando que le iba a  dar tiempo a usarla…), o le decía a Inaxio que bajara al garaje a por la cámara…también yo me puse seria y ya no tenía ni pizca de ganas de bromear. Cuando Inaxio me intento acompañar con el aaahh, yo le dije “¡Tú no hagas, aaaahh, a ti no te duele nada!”. O cuando empezó a intentar averiguar como funcionaba la cámara de fotos nueva le solté “vete a practicar a otra parte”, porque el pi-pi de la cámara me sacaba de quicio.

A las 11 empecé a perder la noción del tiempo y el espacio. Inaxio se ponía a mi lado y no callaba:”Animo, respira, abre, venga, muy bien,…” Vamos, parecía que estaba levantando piedras en vez de pariendo…Así que le dije “Inaxio, silencio, el silencio está bien, no hace falta que hables todo el rato, con que estés aquí es suficiente”.

Además, también dijo cosas como relájate (y una mierda me voy a relajar con lo que duele esto) o disfruta (como para disfrutar estoy) así que pense que era mejor darle algunas ideas y entre contracciones le hice repetir algunas frases:

 

–       cuando diga que no puedo más, dime que si (sabía que iba a decir que no puedo, pero también sabía internamente que si iba a poder)

–       cuando veas que se va la contracción recuérdame que respire, que me oxigene para que oxigene a Adei

–       ya falta poco, acompaña al dolor, abre el camino, acompaña a Adei, haz retroversión de pelvis

–       sopla por la vulva, engrosa la lengua, respira

 

Muchas de estas frases son del libro “Con el consentimiento del cuerpo”, libro que fue todo un descubrimiento para mí. Creo que el trabajo que habíamos hecho en la preparación al parto con Cristina y este libro fueron dos grandes ayudas a la hora de tener un parto fácil, rápido y feliz.

 

En estas contracciones del principio si que hacía el aaahhh, pero al final me sorprendió que el ah fuera espontáneamente sustituido por “ay ama amatxo, amaa”.

 

La postura que adopte fue de rodillas delante del sofá y amarrándome a la cintura de Inaxio, así, escondiendo la cabeza en sus piernas ahogaba los gritos y me aislaba del exterior.

 

Al rato llamó Luis que estaba en Durango y que en media hora estaba. Al final fueron 45”. María, mi amiga, que estaba con las niñas, dice que en cuanto oí el telefonillo los gritos fueron más fuertes. Cuando llegó Luis me preguntó a ver si quería que me explorara. Dije que sí. “7cm. Va bien, pero como aún no has roto aguas… igual rompes aguas y la cosa va de seguido, pero yo creo que me da  tiempo a aparcar…”.

 

Así que se fue a aparcar. Y la siguiente contracción después de oír como Luis salía por la puerta fue bestial y ví salir un poco de líquido y sentía unas irrefrenables ganas de empujar. “Luis, avisa a Luis”. Inaxio salió escopetado, corriendo a avisarle. Subió apenas le dio tiempo a quitarse los zapatos, ponerse unos guantes y coger la cabeza de Adei.

 

Estas últimas contracciones confirmaron mis premoniciones de que no iba a tener que empujar, mi útero lo hacía todo, sin que yo interviniera conscientemente, se cumplió lo que leí en “Con el consentimiento del cuerpo”, que no era necesario empujar, que no consistía en expulsarlo, sino en ayudarle a salir mansamente. No sé si salió mansamente, lo que si que recuerdo es que ante estas últimas contracciones me moría de miedo. Cuando sentía llegar la siguiente gritaba, “ay ama, no, noo, que viene otra, no voy a poder…” Pero claro que podía, ahí no había marcha atrás…Adei nació con la mano por delante, y supongo que eso hizo que me rasgar aun poco. Es curioso, el dolor del parto se olvida al instante, sin embargo el de los puntos (y eso que le pedí anestesia local a Luis) permanece en la memoria. Es más, mi amiga María me preguntó a ver si era el dolor más grande que había sentido en mi vida, y le repondí que creía haberlo pasado peor en el dentista, o incluso que lo de los puntos había sido peor…No sé si es cierto o si son estrategias de la naturaleza para que tengamos más de uno…

 

Y como se pasa de gritos de dolor a gritos de emoción en un segundo, cuando ves a tu hij@ a tu lado, cuando ves que ya está aquí…En mi anterior parto, con las gemelas, en el quirófano y sin sentir nada de lo que ocurría allí abajo gracias a la epidural, cuando me pusieron a Maddi encima, si me emocioné, pero era una emoción un poco de cabeza. La emoción que sentí al ver a Adei era purra emoción, era mucho más fuerte, más intensa, multiplicada por mil..todo mi ser se emocionaba…lo pusimos sobre la tripa y el empezó a trepar hacía el pecho y finalmente, me puse de lado para ayudarle a engancharse.

 

La placenta tardó en salir, pero como no había ni hemorragia ni prisas ni protocolos, a la hora y pico salió y me sentí afortunada de que se respetaran mis ritmos. Y de estar en mi casa, Inaxio a mi lado, María, mi gran amiga con nosotros, Luis compartiendo nuestra emoción…las horas posteriores al parto pasaron sin darnos cuenta…a las 3 Eider se despertó y vino a conocer a Adei. Luis se fue a las 4 y nosotros a dormir…si la emoción nos dejaba…3 horas después Maddi se despertó cuando oyó a Adei y vino a conocerle. Fue todo vivido con mucha naturalidad. Se acostaron pensando que Adei llegaría esa noche y al despertarse ahí estaba él. Y toda la familia junta disfrutando del nuevo miembro. Risas y juegos recibieron a Adei ese primer día. Además Eider y Maddi estaban felices, y contentas. Las he visto muy mayores y disfrutando de Adei, de los juegos entre ellas y del aita, ya que la baja de 15 días del aita ha sido una gozada para toda la familia. Y vamos, que me da por pensar que no lo hemos hecho mal hasta ahora…

Me siento fuerte, poderosa, saber que el dolor no puede conmigo me hace sentir una seguridad en mmi misma más fuerte que hasta ahora. Hasta se me ocurre pensar que la epidural, el privar a las mujeres de la posibilidad de saber lo fuertes y poderosas que son es una muestra más del sometimiento al que este mundo de hombres tiene a la mujer, decirle que no podrá con ese dolor, que es débil, y así mantenerla sometida.

 

Me dicen que soy valiente. A mi las valientes me parecen ellas, que en pleno parto se atreven a salir dejando la seguridad de su hogar y emprenden el camino hacia lugares y personas desconocidos…

Y me da pena, mucha pena, que las otras mujeres se pierdan esta experiencia. Supongo que si te cierras a ella, si la ves como un castigo divino, la epidural es una especie de salvación. Pero vivida voluntariamente, si te abres a ella, si la ves como parte de esa inmensa vida, te enseña a aceptar, esa enseñanza a veces tan difícil de comprender que todo lo que ocurre tiene un sentido. En el otro parto no sentí ni tanto dolor ni tanta alegría después. Así que si el dolor es necesario para poder sentir toda la intensidad de luego, bienvenido sea.

 

Por eso me siento más fuerte, más viva, ,más segura hoy que antes de parir. Ese es el regalo que la vida y Adei me han dado. Y conocernos, y saber que tenemos nuestros bloqueos y nuestras limitaciones, y si hace falta bajar el listón, se baja. Pero lo que me gustaría transmitiros es que si nos preparamos, si asumimos que va a haber dolor, pero que ese dolor es parte de la vida, del proceso. Si conseguimos confiar, creer que vamos a ser más fuertes que ese dolor, que nuestro cuerpo sabe parir si nuestra mente le deja, si tenemos la bendición de tener un parto sin intervenciones, la recompensa que yo he recibido al final ha sido inmensa, única, sólo mía, y es que a la vez que Adei, con dolor, a través del dolor nací yo, una nueva yo, una mujer nueva, más entera después de haberme abierto para dejar paso a la vida.

 

Por eso, para los días anteriores y para el comienzo de la dilatación os cuento lo que a mi me sirvió por si algo os sirve también a vosotras. Leí mucho acerca del dolor en el parto y elegí algunas frases para tener en mente, las escribí, se las dije a Inaxio (mejor si se las decís antes del parto, no como yo…) para que me las recordara cuando empezó a doler…frases que me ayudaron hasta llegar a ese momento en que ya no se piensa, en que la avalancha es imparable. Frases que me tranquilizaron, que abrieron un pequeño camino de luz en la niebla de miedo que amenazó con atenazarme cuando el parto comenzó.

–       somos todos bellos y bien formados

–       mi cuerpo está hecho para parir, sabe como parir

–       tu puedes

–       ábrete, sopla con la vulva, engrosa la lengua, abre la boca y la vagina, que cada contracción sea efectiva, que el cuello del útero y el periné se abran con cada contracción

–       haz la retroversión de la pelvis para que el camino de Adei sea más directo…

–       acompaña  el dolor, acompaña a tu hij@ en el camino, ayúdale…

 

Y hasta aquí lo bonito, la luz…pero no hay yin sin yang y luego vinieron las sombras. Pensé que estando piel con piel con Adei no tendría una subida de la leche dolorosa. Me equivoqué. Durante un día y una noche lo pasé fatal. A base de hielo entre tomas y calor durante la toma lo superamos. Las tomas eran larguísimas y además me tenía que sentar, aún no sabíamos tomar tumbados, por lo cual estaba hecha polvo. Oséa, que entendí perfectamente que haya gente que abandone la lactancia, porque incluso a mí, que había amamantado a gemelas durante 3 años, se me hizo duro. Y cuando pensaba que éramos unos expertos en lactancia, a las dos semanas, 40 de fiebre, una mastitis, dia y medio de fiebre, después 8 días de antibiótico, y unos cuantos días de bajón.

 

Pero bueno, Adei tiene ya un mesecito y yo me siento muy feliz con este parto, con esta nueva fase de mi vida y con mi numerosa familia. Eso sí, echo un poco de menos la cita semanal de la preparación al parto de los martes….

 

 

 

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